viernes, 30 de octubre de 2009

SEMANA DEL 26 AL 30 DE OCTUBRE

Durante esta semana tuve la maravillosa oportunidad de compartir la historia de vida con un grupo de nuevos estudiantes virtuales del Cibercolegio UCN de El Carmen de Viboral.
La idea consistía en prestarles cierta asesoría para que se enfrentaran a la "Bestia" de la virtualidad que los tenía supuestamente acobardados arrojando un rendimiento académico paupérrimo.
Los llamé para concertar un sitio y una hora de encuentro presencial para prestarles mi asesoría. Preparé el tema: "lo básico para despegar en la plataforma" y me fui a dar cumplimiento a la famosa cita.
Estuve con ellos, tres estudiantes: Jorge Iván y Víctor de Clei 3 y Yesid de Clei 5, por espacio de una hora en un trabajo exclusivamente académico y de sensibilización y motivación frente al estudio virtual. Hasta que nos sacaron de la oficina de la Administración Municipal que les facilita los computadores.
Sea dicho de paso, que logísticamente estos muchachos cuentan con unos equipos bastante añejos y lentos, con un servicio de Internet de la red de la alcaldía municipal, que es muy lenta y en un espacio físico muy reducido para sus necesidades, una oficina que no ofrece el ambiente de estudio propicio, porque entra y sale todo el mundo; y frente a cualquier eventualidad que requiera de los funcionarios de la administración, ellos deben abandonar el sitio.
Después... je, je, je... seguimos con la clase... en un kiosko del parque... y fue la mejor clase: ellos fueron maestros para mí. ¡Qué berracos!...
Comienzo diciendo que la primera sorpresa me la llevé cuando llegué a dar la clase y me vi enfrentado por primera vez con un grupo de personas con movilidad reducida. Nunca había tenido este tipo de alumnos y en la universidad al tocar este tema, por aquello de la Inclusión educativa, la cuestión es tan teórica que cuando se llega a la vivencia del hecho en tiempo real, uno ni se acuerda que estudió algo relacionado con manejo de personas en condiciones físicas y mentales especiales. -apenas me estoy acordando en este momento, cuatro días después del suceso-.
Cuando los vi, omití sus limitaciones y los traté como personas normales, porque en la teoría siempre he creído que los anormales somos nosotros, que teniendo todas las posibilidades físicas y mentales, rechazamos tantas oportunidades de progreso que nos ofrece el devenir histórico o lo que es peor, vivimos indignados con Dios por "pendejadas", o vivimos rechazando el color de nuestro cabello, las estrías, la celulitis, las llantas, los gorditos, los barritos, los senos chiquitos, las caderas planas de "Bob Esponja"... y olvidamos que la vida es mucho más... y que trasciende lo físico...
A la luz de varios tintos, hablamos de todo un poco y orgullosamente cada uno de ellos, me fue contando cómo le ganaron la batalla a la muerte, aún a sabiendas de que ella a todos nos ganará la guerra tarde que temprano.
Jorge Iván, fue el primero, palabras más, palabras menos, me narró lo siguiente: "Yo era una persona normal, cuando tenía dieciseis años me metí una borrachera ni la 'hijueputa', entonces vivía en una finquita, porque mi papá era mayordomo, me subieron a un carro para llevarme a mi casa y el conductor también estaba ebrio. Conmigo iba mi mamá que me estaba cuidando y cómo le parece profe, que la puerta del carro que daba de mi lado quedó mal cerrada y se abrió. En su intento por alcanzarme, mi mamá cayó del carro junto conmigo impulsada por el peso de mi cuerpo todo desmadejado debido a la borrachera.
Desperté en una clínica en Ríonegro y estaba rodeado de un equipo médico, de mi familia y de un psicólogo que al verme reaccionar dijo: 'Hay que darle las noticias immediatamente, para evitar que se enloquezca: mire joven en el accidente que tuvo, usted perdió un riñón, el hígado y quedó inválido de por vida y su mamá por salvarlo a usted de la caída del carro, murió y su familia acaba de llegar de las exequias'. Vea profe, yo sentí que me moría con semejantes noticias. Quedé por muchos años con asistencia psicológica, me sentía culpable de la muerte de mi mamá y lo único que hice fue seguir bebiendo, por varios años.
Reaccioné cuando ya inválido me caí borracho de un caballo, sufrí un hematoma interno que casi me hace perder la pierna y estuve sometido a veintidós cirugías. Estuve un año hospitalizado y allí me hicieron entender que Dios quería que yo viviera y yo estaba dejando perder esta valiosa oportunidad.
Sin mi madre, asumí la responsabilidad de mi casa, yo le hago de comer a mi papá para que él pueda trabajar y como estudié hasta quinto de primaria y luego hice un curso básico en sistemas, ahora veo la necesidad de hacer el bachillerato para tener posibilidades laborales y ayudar a mi papá en su vejez.
Para este estudio fui premiado con una beca y entre un gran número de discapacitados fuimos seleccionados mis compañeros y yo, sólo cuatro personas y hubo uno que se retiró. yo estoy muy animado profe con este estudio y quiero salir adelante".
Yo me quedé boquiabierto. Y a vos, qué te ocurrío, Víctor? Pregunté.
-"Profe, a mi me tiene así la violencia, yo toda la vida he vivido muy bueno y he sido muy trabajador. Tengo casita propia y hace diez años cuando ocurrió mi accidente yo era un mayordomo, tenía una moto y cuando salía de trabajar, nos íbamos una gallada, a beber, a jugar billar y donde las peladas, -usted me entiende profe-. Había un mán que era de Urabá que me tenía envidia y un veintidós de diciembre me salió en con un combo y armado me apuntó a distancia con un fierro para que me bajara de la moto y yo en lugar de frenar aceleré. Llegué a mi casa y cómo el man sabía donde vivía, fue y me buscó. Mis trabajadores quisieron defenderme, pero los otros estaban armados. Sonó el primer disparo y me lo impactó en la mano derecha, perdí la movilidad de toda la mano, recibí otro disparo junto a la columna, -toque que se siente la bala, profe. Efectivamente toqué junto al cuello y se sentía un abultamiento-. -Esa bala, profe, no me la pueden extraer porque puedo quedar reducido a una silla de ruedas. Debido a ese disparo camino con cierta dificultad y los otros cuatro disparos, me los impactaron en la cabeza. -en ese momento se retiró su gorra de la cabeza y me mostró las cicatrices, parecía un rompecabezas (en el sentido literal de la expresión).
-Esos disparos de la cabeza, profe, hacen que hable con mucha dificultad. Estuve un mes en estado de coma".
-Y el muchacho que te disparó? "Ese mató a un amigo mío por los días de mi accidente y a los pocos días, grupos de limpieza lo barrieron a él.
Yo estoy vivo, es de arepa profe, porque todavía no me tocaba el turno, por eso quiero estudiar y vivir a lo bien, yo estoy con muchas ganas".
Jorge y Víctor son de Clei 3 y Yesid es de Clei 5.
Todavía estaba hablando Víctor, cuando Yesid intervino: "Vea profe, yo no estoy tan animado pero voy a lucharla. Le cuento que a mí lo que me pasó me ocurrió saliendo del trabajo. Me fui de apuesta con un compañero de la empresa. La apuesta consistía en el que primero llegara al Carmen en moto. Los dos íbamos con parrillero. Salimos a toda velocidad, faltaba poco para llegar cuando en una curva, me encontré de frente con un bus y ya usted se imaginará el 'tiestazo'. Quedé en coma mucho tiempo, casi me muero y debido a ese accidente quedé con dificultades para caminar y debido a un fuerte golpe en la cabeza, no puedo recordar nada a largo plazo, por ejemplo, profe, lo que usted nos enseñó lo tengo que anotar paso por paso para que no se me olvide".
Bueno, ese día hablamos de todo un poco, pero lo que más me impactó fue el deseo de superación de estos muchachos, que quieren vivir cada instante de su vida con calidad. Desde su deseo de superación personal, ellos se han convertido en maestros de la vida. Es la mejor clase que he recibido.
Dejemos así...
Oscar David Lopera Pérez.

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