Es difícil en ocasiones ser fiel al espíritu de la Ley y cuanto más cuando esta ley favorece la mediocridad de los estudiantes. El mero rótulo que se nos da a los docentes de facilitadores de procesos educativos,hace que el discurso comience mal. Ante todo, yo me declaro un "complicador de procesos". ¿Qué entrenador enseñando salto alto a sus discípulos, en lugar de subir la barrera, por el contrario la coloca más cerca del piso? ¿Dónde queda el sabio proverbio: no des un pescado, enseña a pescar?
La Ley nos pide a los docentes hacer cuanto esté a nuestro alcance para que un estudiante alcance los logros y sea competente y más aún, si el estudiante pierde, en el fondo quien pierde es el maestro, por no haberlo motivado, por no hacerle digerible el conocimiento. Siguiendo la línea tradicional, a mi esta clase de reflexiones me parecen ridículas.
¿Y a qué viene todo esto? A que estamos en un momento de recoger la cosecha de un período que culmina y aunque hay resultados satisfactorios, queda la sensación de que muchos docentes seguimos perdiendo el año en virtud de aquellos "pequeños delincuentes" que se forman para dar culto a la mediocridad, sin importar cuantos esfuerzos se hagan por conducirlos al camino de la ciencia y de la sabiduría.
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